Intentar escribir cuando no hay como tal algo específico que quiera decirse, ni todo el tiempo, ni toda la atención. En el televisor corriendo otro filme donde hay una niña precoz y lista, pero no tanto como para no meterse en problemas, ni meter en problemas al profesional que jamás había tenido complicaciones mientras estuvo solo. En la máquina: las redes, un par de blogs, algún artículo, nada que comprometa u obligue a centrarse o con-centrarse. En la calle la vida, la gente, las cosas, que con todo y sus atractivos, por alguna razón hace tiempo que no me atraen, salvo en contadísimos escenarios. El filme termina, él se muere, o lo matan, o se mata, o todo junto, y todo por ella -por su culpa-, pero antes de morirse le dice que no se preocupe, que él va a estar bien, que tiene ganas de vivir y todo es gracias a ella, que la ama, y que lo espere. Pero igual se muere, o lo matan, o se mata, o todo junto. Y pienso entonces que aunque era un filme, la vida es así, y "no sólo cuando eres niño", la vida es siempre así. Y no es que sea malo o bueno, afortunado o trágico, sencillamente "es". Vives, haces, deshaces, creas, destruyes: a ti, a los Otros, a las cosas, ¿te equivocas? ¿aciertas? eliges, como sea. Y aunque sabes cómo va a terminar, quizá no en los detalles, pero sí en la esencia, igual te empeñas, planeas, deseas... como si no fuera a acabarse. Y compartes el camino con tantos Otros, por más o menos tiempo, con mayor o menor frecuencia y la creación de vínculos, fuertes o no tanto. Es entonces donde todo se complica. Esos Otros que son Tú, pero sin serlo, y viceversa, que también vienen recorriendo sus caminos, que han construido su propia mirada -igual que Tú-, y que con toda certeza no es igual a la tuya. No siempre es fácil. Y como en este mundo las cosas ya eran de un modo desde antes de que tú llegaras, te toca estar en unos zapatos y no en otros, y debajo de una cierta piel, dentro de un específico contexto. Lo quieras o no, éste te marca. No que sea definitivo, ni estático, invariable o inflexible, pero se convierte ni más ni menos que en tu marco referencial. Tu encuadre. Con el tiempo y la oportunidad, decides incluirle elementos, borrar otros, aderezar o depurar algunos. Continúas haciéndolo mientras puedes y, según la disposición que de ellos hagas, pasarás por este mundo experimentando una amplia gama de emociones de acuerdo con el entramado en que se va convirtiendo todo dentro de tu cabeza. Y puedes pensar o no en esto... y si lo haces, puede que sea a menudo, o en muy raras ocasiones. Y de cualquier forma, cada vez que lo pienses, te podrá generar cosas muy distintas. Lo mágico, en todo caso, es que cuando lo haces, puedes sentarte frente a una pantalla, o un espejo, o un paisaje, o alguno de esos Otros. Frente al vacío, la inmensidad, o cualquiera otra cosa que, finalmente y en estricto sentido, terminan siendo exactamente lo mismo... y haciendo gala de una extraordinaria manifestación de desdoblamiento, seguir existiendo, interactuando en unos y otros espacios, y desde fuera, arriba o dentro, también mirarte como un Otro. Y si te gusta lo que miras ¡dichoso tú! y si en ocasiones te parece repulsivo ¡qué afortunado!, que no importa cómo sea la imagen que hayas hecho de ti mismo, ni si es bella de acuerdo con los más altos estándares que para ese criterio el paradigma apunte o, por el contrario, es dolorosa o poco grata: despreciable, en el último de los casos y de acuerdo con, también, los más estrictos criterios que para la materia existan. "A la final"-como dijera el poeta- todo es parte de lo mismo, y ya sea que focalices tu atención en uno u otro extremo, seguro has de estar de que el opuesto también está presente en ti. ¿Dualidad?: Multiplicidad. Diversidad. NATURALEZA.
[Ahora vuelvo a la vida real, fuera del ámbito de la cavilación estéril. A lavar los patios, barrer la casa, darme un riego y salir, que la familia cuenta con mi presencia (aunque no la espere ansiosa) en la planeada convivencia con motivo de la celebración de un aniversario más del nacimiento de uno de los miembros de la misma. Conviviré como si no supiera que todo es relativo, que vivimos sobre constructos arbitrarios pero instituidos, y seguramente la pasaré bien. Total que todas nuestras ilusiones igual nos dan orden y estructura. Nos dan sentido de pertenencia. Organizan nuestra vida, dirigen nuestras pulsiones, contienen, impulsan. "Bendito sea" el magnífico panóptico que tenemos a bien llamar "Vida". Sin él, y todo lo que adquirimos en cuanto aceptamos estar dentro, ¡ay no, no, no..! vaya usted a saber qué cosa desordenada y sin estructura seríamos, y dónde podríamos andar...]
"...de
intereses, balas tristes, y vecinas que no entienden
qué ha pasado en este barrio: tan tranquilo, tan callado...
y quién dio
la orden de cambiar el mundo..."
Fito Paez
Durante años sobrellevé la vida comportándome (o aparentando) a la
altura del siglo, con tan sólo un puñado de ideas, y dos o tres afirmaciones
universales de esas que con el tiempo y su abuso -preciosísima dinámica de la
tradición oral- se han convertido, y en general se convierten, en filosofía. A
la postre: lugares comunes para el sermón o la bienintencionada cátedra
formativa.
Nací cerca del final del siglo en que aún podía hablarse de mozos
honorables, cualidad que era factible constatar a partir de algo tan
concreto como el mismo proceder que -hay que decirlo- era (y seguirá siendo)
más fácil identificar, si se le observaba en el momento preciso de su
ejecución. Dicho de otra forma: uno sabía si el sujeto en cuestión era algo (u
otra cosa), ni más ni menos que permitiéndole demostrarlo con sus actos.
La palabra misma tenía otro valor. La voluntad. La disposición. Había,
para cada oficio, uno o varios aprendices que, con mayor o menor intensidad,
destinaban tiempo y energías al aprendizaje de las técnicas y procedimientos, e
incluso al descubrimiento de los detalles más sublimes, como la propia
intuición, o la sensibilidad para "hallarle el modo" a cualquiera que
fuera la actividad.
Y el mundo era (lo creo firmemente) un poquito más feliz.
Hoy día, la palabra por sí misma ya no es suficiente.
De alguna forma (generalmente institucional) hay que justificarla. "Papelito
habla.." dice el dicho... y lo que sugiere, más bien, es la pérdida
total de la confianza en la palabra del que afirma que algo sabe -porque lo
sabe- sobreponiendo, en cambio, la exigencia del sustento frívolo a través de
documentos, haciendo que lo que antes era valioso por ser enunciado, ahora para
gozar de una cierta credibilidad deba estar sujeto a la inversión de tiempo,
dinero, esfuerzo (algunos, sacrificios innecesarios) en aras de la articulación
de acciones que justifiquen y alimenten el paradigma en que se encuentran
suscritos.
Hoy, saberse "Licenciado", es motivo para sentir que uno ha
cumplido con el deber de hijo y ciudadano modelo, y en ocasiones incluso para
toda clase de fantasías obscenas de poder y omnipotencia. Tener un oficio, en
cambio, de a poco se ha ido subvalorando y, además de que actualmente suele ser
pagado a precios risibles que no permiten la subsistencia digna de quien
intenta vivir de ello y alimentar, además, a su familia... también se enfrenta
a la puesta en duda de la importancia o trascendencia, tanto de la actividad
misma, como de quien la ejerce: "sí, sabe hacer cosas... -herrería,
plomería, electricidad, carpintería, cocina, limpieza, comercio,
albañilería...- pero no estudió nada..."
Y entonces, hace tiempo que muchos niños crecemos queriendo (y creyendo
que necesitamos) estudiar una carrera para así "ser 'alguien' en la
vida..." como si no lo fuéramos por definición ontológica.
A mí, eso de especializarme como que me saca ronchas. Soy un tanto
comodina, así que procuro allegarme de cosas que, con practicidad, me permitan
resolver el mayor número de situaciones. Por suerte, no me han faltado saberes
y/o experiencias que me provean de las herramientas necesarias para, aunque sea
sin una poca de gracia (ni otra cosita, allá arriba, allá arriba...) más o menos campechanear por este mundo.
Y como me considero una persona generosa, vine resuelta a revelar de
manera pública, la que por muchos años fuera mi principal afirmación, aprendida
en mi más tierna infancia, gracias a la oportuna escucha de las conversaciones
"de adultos..." que a uno suelen dejarle nutritivas enseñanzas:
"Seguramente es el empaque..."
Ya se trate de la piececita plástica y circular intermedia entre dos
piezas metálicas de algún electrodoméstico, o de cualquiera otra circunstancia
de la vida... hoy sé que siempre, siempre, ante cualquier disyuntiva, si afirmas con
vehemencia y convicción profunda esta aseveración, estarás siendo tan
profesional como cualquiera que lo analice con título y cédula profesional en
mano. Comprobado y garantizado.
Y sin embargo, claro, los tiempos cambian, y ahora también la diversidad
ha cobrado una vital importancia. Por fortuna hoy, gracias a mi padre, y a que
por enésima ocasión se descompuso el lavabo de casa, he tenido la
inconmensurable oportunidad de incorporar una nueva afirmación universal a mi
completo acervo cultural.
A partir de esta noche podré intercalar, según contexto y necesidades,
la certeza de que cualquiera problemática ha de tener su explicación en la
carencia o ruptura del imprescindible empaque, con la barroca
observación que a continuación comparto:
"Es que le ha empezado a fallar el céspol..."
De esta forma, es posible responder con atino a disertaciones tales como
aquellas sobre qué sucede con la política, las crisis, la violencia, el
narcotráfico, y en general con cualquiera situación complicada y complicante de
una equilibrada y armónica existencia como sociedades.
"No hay
más: con la política, sucede que hace tiempo que le falla el céspol. Respecto a
la economía, la violencia y el narcotráfico, me parece que desgraciadamente se
debe a la ruptura del empaque..."
Qué gratas y reconfortantes son las respuestas. Qué grato y qué
reconfortante es poder ir a la cama con ellas en la cabeza.Qué grato es
no tener que preguntar más "por qués", ni angustiarse por los "cómo
hacer para..." o los "hasta cuándo...?"
A descansar se ha dicho. Que ya sabiendo qué es lo que falla y lo que
falta en nuestras sociedades, no queda más que esperar a que mañana
temprano abran la primer ferretería.
..Creo en un Mundo en el que no hace falta que estemos todos en el mismo lugar.. sino que tengamos la voluntad para ir al encuentro de los demás, donde quiera que estén.. sin obligarlos a venir donde nosotros. Permitirnos Conocer todos esos Mundos que somos cada quien.. aunque estemos, sí, dentro del mismo Universo.. aunque seamos, sí, parte de la misma esencia.
...He estado en tantos lugares
extraordinarios... he visto tantas cosas extraordinarias... he conocido a
(y vivo cerca de) tanta gente extraordinaria... ... ...he tenido una
vida tan extraordinaria... que "podría morir con una sonrisa en mi
rostro, sin sentir que el 'buen Señor' me ha estafado..."
[como el que
vio a Lebowski...]
...aunque no
ignoro todas las cosas terribles que también pasan...
La imagen estaba ahí, dispuesta sin necesidad de que se le construyera. Los elementos en correspondencia con los de aquella otra. Mis ojos no daban crédito, pero el lente fue todo lo ecuánime como para capturarla.
[Juro que no fue la mía. Mi guardia ese año -y en ese lugar- fue la de "Semana Santa" (y esa es un caso aparte), pero sin nada mejor que hacer, me dio por fisgonear en el pasado del cuaderno. Fue así como encontré esta nota priceless...]
Porque lo bello es apenas el inicio de lo terrible:
aquí mi ludoteca personal.
Quizás con el tiempo pueda armarse el rompecabezas que incluya mis múltiples personalidades y toda clase de ajuares mentales que vaya acumulando.
Mientras tanto, entiéndase al desequilibrio como la única constante en cualquiera descripción que se intente hacer de mi persona. Ese que me mantiene viva. El que me mantiene en movimiento...