31.1.21

cruzando el rubicón

Pocas cosas en la vida son tan dolorosas como el proceso de diferenciación. Salir de la fantasía del “Yo Grupal” siempre será como un golpe, como una precipitación al vacío.
Volver a esa “fantasía”, es algo que haremos a menudo, con mayor o menor frecuencia y conciencia. Pensar que “somos uno”, cuando creo que mi pareja piensa exactamente como yo, o cuando creo que en un grupo tod@s tenemos exactamente el mismo propósito e intención, incluso desde el momento mismo en que nacemos, y antes de que nuestra mirada pueda enfocarse, y descubramos que hay un límite en nuestra piel, que nos separa de lo que está más allá de nuestro cuerpo.
Descubrir, en algún momento estas “fantasías grupales”, y reconocernos diferentes, es entonces un duelo, pero al mismo tiempo es un gran regalo.
El regalo de la individualidad. Que a los 9 años es más específico, pues es un momento clave en nuestro proceso de desarrollo, de identidad, de individuación.
Aquí una mirada a ese momento crucial de la vida de todo ser humano, cómo reconocer cuando está ocurriendo, y cómo poder acompañar a quien está dando este paso del cual ya no hay marcha atrás.




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