Lo que más me sorprendió, creo, fue mirar su fotografía en medio de la habitación: joven, hermoso, impasible, eterno.
Y lo admiré. Y lo envidié. Y lo respeté.
Cuando vives en medio del dilema de las decisiones cotidianas que a estas alturas deberían ser de resolución casi automática, pero que a ti más bien te siguen significando tortura medieval, mirar a quien sin titubear decidió qué hacer con su vida, y lo hizo con tal determinación que no habría posibilidad para eventualmente cambiar de opinión, es como adivinar un rayo de luz entre las nubes, y sentir que te está diciendo algo.
No sé qué decidió exactamente, ni cuál fue su motivación.
Y sería irresponsable aventurar conjeturas, caer en clichés o tratar de escudriñar lo escudriñable: mensajes, relatos escritos, recuerdos de conversaciones, imágenes capturadas.
Intuiciones, si acaso, extraídas de la condescendencia, o la bondad para acercar una respuesta a quien pudiera necesitarla, cuando al referirse a la que parecía ser quien lo ponía a prueba todos los días, de la forma más clara y directa afirmó lo que a partir de ese momento será irrefutable: "ES MALA".
Pero yo creo más bien que hay a veces en el mundo quienes no son de este planeta, pero que por alguna razón, se me ocurre que experimental, pasan un tiempo pretendiendo ser como nosotros. Me parece natural que después quieran irse: hay que ser francamente mundanos, para tolerar vivir en medio de la incongruencia.
Sólo quien no entiende lo falaz de nuestras estructuras, puede escuchar con atención la carnicería intelectual insulsa, y esperar el momento preciso para, con toda calma, decir un par de palabras, las exactas, y en automático reducir al absurdo lo que hasta ese momento todavía estuviera disfrazado de clarividencia.
Y aunque aún haya dolor, y aunque aún haya incomprensión, me quedo con la certeza de que "los Ángeles sí existen", y agradezco que se me hayan compartido los fragmentos de humanidad que a diario depositamos en cada acto realizado: los miedos, las tristezas, las alegrías, y las engañosas y poco comunes, pero igualmente atesorables certezas.
Retomo, además, algo que no he escrito yo, pero de lo que me apropio por un momento, porque creo en las formas místicas y en la magia de este Universo, y en su bella propensión a regalar flashazos de sincronicidad, en los momentos justos en que necesitas algo que te ayude a no dejar de confiar:
"Como es arriba, es abajo. El que tenga ojos, que vea... Si somos perceptivos, encontraremos que aquellos seres que tanto amamos nunca se han ido y nunca se irán, los muertos alumbran el camino de formas insospechadas."
Y lo admiré. Y lo envidié. Y lo respeté.
Cuando vives en medio del dilema de las decisiones cotidianas que a estas alturas deberían ser de resolución casi automática, pero que a ti más bien te siguen significando tortura medieval, mirar a quien sin titubear decidió qué hacer con su vida, y lo hizo con tal determinación que no habría posibilidad para eventualmente cambiar de opinión, es como adivinar un rayo de luz entre las nubes, y sentir que te está diciendo algo.
No sé qué decidió exactamente, ni cuál fue su motivación.
Y sería irresponsable aventurar conjeturas, caer en clichés o tratar de escudriñar lo escudriñable: mensajes, relatos escritos, recuerdos de conversaciones, imágenes capturadas.
Intuiciones, si acaso, extraídas de la condescendencia, o la bondad para acercar una respuesta a quien pudiera necesitarla, cuando al referirse a la que parecía ser quien lo ponía a prueba todos los días, de la forma más clara y directa afirmó lo que a partir de ese momento será irrefutable: "ES MALA".
Pero yo creo más bien que hay a veces en el mundo quienes no son de este planeta, pero que por alguna razón, se me ocurre que experimental, pasan un tiempo pretendiendo ser como nosotros. Me parece natural que después quieran irse: hay que ser francamente mundanos, para tolerar vivir en medio de la incongruencia.
Sólo quien no entiende lo falaz de nuestras estructuras, puede escuchar con atención la carnicería intelectual insulsa, y esperar el momento preciso para, con toda calma, decir un par de palabras, las exactas, y en automático reducir al absurdo lo que hasta ese momento todavía estuviera disfrazado de clarividencia.
Y aunque aún haya dolor, y aunque aún haya incomprensión, me quedo con la certeza de que "los Ángeles sí existen", y agradezco que se me hayan compartido los fragmentos de humanidad que a diario depositamos en cada acto realizado: los miedos, las tristezas, las alegrías, y las engañosas y poco comunes, pero igualmente atesorables certezas.
Retomo, además, algo que no he escrito yo, pero de lo que me apropio por un momento, porque creo en las formas místicas y en la magia de este Universo, y en su bella propensión a regalar flashazos de sincronicidad, en los momentos justos en que necesitas algo que te ayude a no dejar de confiar:
"Como es arriba, es abajo. El que tenga ojos, que vea... Si somos perceptivos, encontraremos que aquellos seres que tanto amamos nunca se han ido y nunca se irán, los muertos alumbran el camino de formas insospechadas."